Antes del cinematógrafo

1847-1890

La prehistoria del cine es muy amplia. Abarca desde los primeros intentos del ser humano por representar la maravilla del movimiento en las cuevas del Paleolítico Superior hasta que surge el ansiado cinematógrafo en torno a 1895. Como es de esperar, durante esos miles de años tuvieron lugar numerosos acontecimientos y se fueron desarrollando multitud de aparatos y sistemas que nos acercaron con cada paso a ese mágico aparato. Estos inventos llegaron a Canarias gracias a las rutas comerciales existentes entre América y Europa, los dos puntos clave en los que se desarrolló el cine tal y como lo conocemos en la actualidad. Uno de esos primeros avances fue la cámara fotográfica.

El primer procedimiento fotográfico fue el daguerrotipo y, desde el mismo año de su aparición (1839), los canarios ya tenían conocimiento de su existencia a través de la prensa, si bien es cierto que algunos periódicos ponían en duda los logros de este.

          “La naturaleza puesta en movimiento no puede reproducirse, o por lo menos sería muy difícil conseguirlo”.

Esto afirmaba un periodista en el diario tinerfeño El Atlante (28 de febrero de 1839). ¡Qué equivocado estaba!

Los viajeros que venían a Canarias introdujeron las primeras cámaras durante los años 40 del siglo XIX. De esta década, se conserva el daguerrotipo más antiguo localizado en Gran Canaria, tomado en 1847 por el fotógrafo Vaillat y denominado James Wood, vecino de Triana en Las Palmas de Gran Canaria.

Por otro lado, durante la segunda mitad del siglo XIX se vivió una generalización de los espectáculos ópticos o visuales en el Archipiélago, siendo de los más populares entre la población. Uno de los primeros fue el "Panorama y Siglorama Universal" impulsado por Mr. Chevile, evento que mostraba imágenes de paisajes captadas de forma similar a las fotos panorámicas actuales.

En Las Palmas de Gran Canaria se presentó como una "gran colección de vistas muy notables de las cinco partes del mundo” (El País, 30 de agosto de 1864 y El Ómnibus, 10 de septiembre de 1864). Luego, se trasladó a Santa Cruz de Tenerife, donde la prensa aclara que también se presentó "acontecimientos de la guerra de Crimea, y de la guerra de Italia, América, y de la de los moros con España" (El Fénix, ejemplares de los días 11, 25 y 29 de noviembre de 1864).

Los cuadros disolventes fueron otros de estos espectáculos habituales, siendo especialmente conocidos los del Teatro Cairasco (actual Gabinete Literario de la capital grancanaria). Estos consistían en la proyección sucesiva de cuadros que mediante una linterna mágica provocaban la ilusión de movimiento.

Un ejemplo de ello fue el espectáculo con aparato de proyección y “vistas y cuadros disolventes” organizado por José da Costa Leal de Lacerda en 1884. Un dato curioso: la mitad de lo recaudado en este último se invertiría en la construcción de un nuevo teatro en Las Palmas de Gran Canaria, el Teatro Tirso de Molina (conocido hoy día como Teatro Pérez Galdós).

Así fueron esos intentos de capturar la imagen y el movimiento que tanto obsesionaron a los canarios durante el siglo XIX. Muestras fotográficas y espectáculos visuales que permitieron sentar las bases para la posterior llegada del cinematógrafo a las Islas.