Afianzamiento de una industria

1902

A nivel nacional, la primera filmación enteramente española se tituló Llegada de un tren de Teruel a Segorbe, de autor anónimo y presentada en Valencia el 11 de septiembre de 1896. A esta le siguió La salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza, realizada el 11 de octubre de 1896 por Eduardo Gimeno Correas y proyectada un día después.

En Gran Canaria, las primeras filmaciones tardarían unos años más en aparecer. La primera sucedió en 1906, cuando Francisco González Padrón filmó La procesión del Corpus durante el recorrido que se hacía por la Plaza de Santa Ana. Sin embargo, como en el caso de la primera filmación tinerfeña, esta no se conserva y solo se sabe de ella por referencias en publicaciones periódicas. Es por ello, que el metraje más antiguo que se conserva realizado por un canario tiene fecha de 1915: Familia Navarro Nieto, realizado por Gustavo Navarro Nieto. 

A partir de 1905, estallaó el boom de las proyecciones cinematográficas en Canarias. Estas adquierieron mayor frecuencia y continuidad, y los periódicos empezaron a incluir secciones exclusivas dedicadas a todo tipo de información de la nueva forma de entretenimiento. Al año siguiente, el Teatro Pérez Galdós se sumó a esta nueva forma de entretenimiento y proyectó en sus salas los metrajes realizados por Padrón hasta el momento: La procesión del corpus y Lucha Canaria.

Por otro lado, el primer espacio que empezó a usarse como “cine” de forma continuada en la Isla fue el Teatro-Circo Cuyás (1902), un espacio multifuncional que en aquella época era utilizado además como teatro, gallera y exhibiciones de lucha canaria. Tras el incendio del Pérez Galdós en 1918, este espacio se convirtió en el referente escénico de la ciudad que tendría que esperar hasta 1931 para abandonar su carácter ecléctico y convertirse en cine propiamente dicho.

Estas primeras salas de exhibición cinematográfica se caracterizaban por la provisionalidad y eran con frecuencia pabellones portátiles. Sin embargo, estos tuvieron que evolucionar y romper con la imagen de inseguridad que crearon, pues, tras su primera etapa, tuvieron lugar diversos accidentes relacionados muchas veces con la combustión espontánea de las películas de nitrato de celulosa (material altamente inflamable con el que se fabricó el primer tipo de celuloide). Tal es el caso ocurrido en 1908, en el que un incendio destruyó el Teatro-Circo Cuyás una noche en la que se preparaban para la función del día siguiente.

Todo ello no desilusionó a los canarios, pues recibieron gratamente el novedoso espectáculo visual: surgieron pases especiales como los lunes de moda, se crearon nuevos espacios de exhibición y se rehabilitaron muchos otros, los diferentes locales competían en la prensa por conseguir más espectadores, etc.

Esto se interpreta como un claro indicio de la aceptación popular y del afianzamiento de la industria cinematográfica en Canarias. En 1910, llegaron a funcionar 4 salas de forma simultánea en Las Palmas de Gran Canaria (sin contar con las existentes en Arucas o Telde), entre las que encontramos el Teatro-Circo Cuyás, el Pabellón Colón, el Pabellón Recreativo y el Teatro-Circo del Puerto. Los ojos inocentes del espectador canario contemplaron una y otra vez las imágenes en aquellas salas oscuras sin saber que asistían al nacimiento de un nuevo arte que iba a revolucionar la industria del espectáculo.