Afianzamiento de una industria

1900-1910

La primera década siglo XX significó el afianzamiento de una nueva industria que se abría paso por todo el mundo. Las proyecciones cinematográficas en Canarias adquierieron cada vez mayor frecuencia y continuidad y los periódicos empezaron a incluir secciones exclusivas dedicadas a difundir noticias sobre la nueva forma de entretenimiento. Tanto es así que en 1906 el Teatro Pérez Galdós se sumó a esta nueva forma de entretenimiento y proyectó en sus salas los metrajes realizados por Padrón hasta el momento: La procesión del corpus y Lucha Canaria.

Las primeras salas de exhibición cinematográfica se caracterizaban por la provisionalidad y eran con frecuencia pabellones portátiles. Sin embargo, el primer espacio que empezó a usarse como cine de forma continuada en la Isla fue el Teatro-Circo Cuyás (1902), un espacio multifuncional que en aquella época era utilizado además como teatro, gallera y exhibiciones de lucha canaria.  Aún así, el que es considerado el primer cine techado en Gran Canaria fue el llamado Pabellón Colón y se instaló en la Alameda de Colón en 1909, siendo una iniciativa de Demetrio Alfonso Carrillo que perduraría hasta 1912.

Estos espacios, que a menudo estaban construidos en madera, tuvieron que evolucionar y romper con la imagen de inseguridad que crearon, pues, tras su primera etapa, tuvieron lugar diversos accidentes relacionados muchas veces con la combustión espontánea de las películas de nitrato de celulosa (material altamente inflamable con el que se fabricó el primer tipo de celuloide). Tal es el caso ocurrido en 1908, en el que un incendio destruyó el Teatro-Circo Cuyás.

Todo ello no desilusionó a los canarios y progresivamente se fue afianzando la industria cinematográfica en Canarias. En la primera década del siglo XX llegaron a funcionar 4 salas de forma simultánea en Las Palmas de Gran Canaria (sin contar con las existentes en Arucas o Telde), entre las que encontramos el Teatro-Circo Cuyás, el Pabellón Colón, el Pabellón Recreativo del Parque San Telmo y el Teatro-Circo del Puerto. Los ojos inocentes del espectador canario contemplaron una y otra vez las imágenes en aquellas salas oscuras sin saber que asistían al nacimiento de un nuevo arte que iba a revolucionar la industria del espectáculo.