Los pioneros

1926-1928

Como ya hemos visto, el cinematógrado adquirió fama rápidamente y fueron muchos los que se apuntaron a la nueva moda de filmar lo cotidiano. Sin embargo, los Lumière interrumpieron sus proyecciones en 1897 por concebir el cinematógrafo como una moda pasajera, un simple instrumento para captar el mundo que veían y no como una herramienta para contar nuevas historias. Contrariamente, este último fue el uso que le dio Alice Guy (1873-1968), la pionera de la narración cinematográfica. Esta directora desarrolló en la Casa Gaumont la primera película con guión, titulada El hada de los repollos (1896). 

Un año más tarde, George Méliès (1861-1938) fundó el primer estudio cinematográfico a las afueras de Montreuil-sous-Bois. El azar le llevó a descubrir la magia de los efectos especiales mientras filmaba en la Plaza Ópera de París. Allí, su cámara se paró durante algunos segundos y, al visionar la cinta, fue consciente de que se podían alterar los elementos del film manteniendo la sensación de continuidad, como si se tratase de magia. Es por ello que se le considera el "padre" de los efectos visuales, creando con ellos obras como El hombre de las mil cabezas (1898) o Viaje a la Luna (1902), entre otras muchas.

A estos pioneros siguieron tantos otros. En el caso de España, la primera filmación española de autor reconocido fue La salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza, realizada el 11 de octubre de 1896 por Eduardo Gimeno Correas. Un año después, Fructuos Gelabert creó la primera película española con argumento: Riña en un café (1897).

Sin embargo, los primeros largometrajes realizados por canarios tardarían un poco más en aparecer. En 1926, José González Rivero, el que es considerado el primer cineasta de las Islas, producía en Tenerife el primer largometraje canario de ficción, El ladrón de los guantes blancos. Se trata de un metraje de tintes policíacos en el que se pueden ver distintas escenas de Tenerife, como el Camino Largo de La Laguna, la carretera de Tacoronte, la carretera de La Cuesta, el Hotel Quisisana, el Hotel Taoro y otros lugares. Aun así, la trama de la cinta no se desarrollaba en Canarias, sino en la Londres de principios de siglo. La película se estrenó en el hoy desaparecido Parque Recreativo de Santa Cruz de Tenerife y en el Teatro Leal de San Cristóbal de La Laguna.

La película, fue dirigida por el propio Rivero en colaboración con Romualdo García de Paredes, director de escena y protagonista de la película. Así mismo, fue producida por la Rivero Film, considerada la primera productora del Archipiélago. A través del estudio de producción, establecido en La Laguna, José González Rivero buscó impulsar una industria cinematográfica en las Islas capaz de competir con las producciones extranjeras y así desmotrar que en Canarias se podía hacer buen cine.

También en 1926, Francisco González González funda la primera productora en la isla vecina: Gran Canaria Films. Un año más tarde produce su primer largometraje, La hija del Mestre, dirigido junto a Carlos Luis Monzón González. Este drama costumbrista estaba basado en la zarzuela homónima creada por el compositor Santiago Tejera y contaba con escenas rodadas en Las Palmas de Gran Canaria, especialmente, en el barrio protagonista del film: San Cristóbal. Contrariamente al film tinerfeño, La hija del Mestre sí identificó su argumento con un enclave canario.